La «nación melenuda» de luto severo por la muerte del gran Pedro Bazán

Mérida, 11 Julio (Infoqroo).- Los Leones de Yucatán, la franquicia deportiva más antigua de la Península de Yucatán y del sureste mexicano se encuentran de luto por el fallecimiento, anoche, en Texas, del icónico jugador y cátcher, Pedro Garza Bazán, mejor conocido como Pedro Bazán.

Bazán, considerado el cátcher más emblemático en la historia de la franquicia, murió anoche en esa entidad estadounidense, de la que era originario y de donde vino a dejar lo mejor de sí, durante cuatro temporadas.

Padecía de severos problemas neurológicos que lo mantuvieron hospitalizado en mayo pasado y que lo tuvieron en estado grave, poniendo en riesgo su existencia, lo que finalmente sucedió anoche.

Bazán, quien llegó en 1983 a los Leones, tras no poder llegar a Ligas Mayores con los Cachorros de Chicago, fue uno de los principales catalizadores del accionar del equipo yucateco que un año después lograría su segunda corona de la Liga Mexicana de Béisbol (LMB).

Tras un buen primer año, se ganó el corazón de los aficionados en 1984, cuando, luego de calificar con algunos apuros a los play offs, los Leones tuvieron en él a uno de sus principales héroes y a un ejemplo de cómo jugar el béisbol con el amor más grande que puede existir a la camiseta.

En la serie por el título de la zona sur, previo a la gran final, al enfrentar a los Tigres, entonces de la Ciudad de México, Bazán demostró de lo que estaba hecho y se convirtió en un súper héroe, con máscara, rodilleras, y guantes…solo le faltó la capa.

En uno de los juegos de esa serie, que se alargó a siete, el texano no se arredró y soportó una cruel, embestida del fortachón, musculoso jardinero sinaloense de los Tigres, Matías Carrillo, mucho más corpulento que él, quien lo arrolló como locomotora en el home plate del parque del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), de la Ciudad de México, poniéndolo out.

A consecuencia de ello, Bazán resultó con una severa lesión en un tobillo que le impedía caminar y que puso al mánager, Carlos Paz, a pensar en sustituirlo por el receptor sustituto, Óscar Raymundo, pero «Pete», como se hacía llamar, se negó a irse «al hule» (a la banca).

Infiltrado, con inyecciones en el tobillo, Bazán siguió al pie del cañón y defendió la receptoría melenuda, hasta eliminar a los Tigres y hacer lo propio, en la gran final, con los Indios de Ciudad Juárez en seis juegos.

En ese sexto juego, Bazán tuvo un papel importante, al acompañar al abridor Fernando «Freddy» Arroyo, en todo el trayecto del partido que los Leones ganaron 10×1 y en el que dio uno de los tres jonrones de ese histórico partido del domingo 19 de agosto de 1984.

Bazán defendió el plato melenudo todavía dos temporadas más, antes de ser transferido a los Saraperos de Saltillo, con los que hizo dos temporadas, antes de retirarse del béisbol.

Su muerte, ocurrida anoche a los 63 años, ha llenado de anécdotas, remembranzas y luto a la llamada «nación melenuda» que ha acumulado miles de mensajes en redes sociales, todos ellos de luto, reconocimiento y respeto, por alguien que se ganó, con trabajo honesto y exponiendo su integridad, un papel perpetuo en la historia de los Leones de Yucatán. Quepd Pedro Garza Bazán.

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