Los Leones, bicampeones del Sur con dramática victoria 9-7 sobre Diablos avanzan a la Serie del Rey

Mérida, 1 de septiembre (Infoqroo).– Dramático, emotivo, no apto para cardiacos, y en la que Luis Felipe Juárez agrandó aún más su figura como ídolo de los aficionados de Yucatán al disparar par de cuadrangulares, así fue el juego de esta noche en la que los Leones se erigieron bicampeones de la Zona Sur con una victoria de 9-7 sobre los Diablos Rojos del México, que nunca se rindieron.

Los aficionados reunidos en el Parque Kukulcán enloquecieron en la octava entrada, cuando con dos a bordo,  el estelar cerrador Roberto Osuna no respetó el poderío del “Pepón”, quien le depositó la pelota por todo el jardín derecho por segunda noche consecutiva para poner el marcador definitivo.

Como se esperaba, fue un partido trepidante, aderezado con todos los ingredientes que hace emotivo el béisbol, y en el que se pasó del infierno cuando en la parte baja de la octava los escarlatas fabricaron tres registros, en los que influyeron par de pecados de Alex Liddi y luego de manera inexplicable a Walter Ibarra se le cayó un globo de lo que sería el último abriendo las puertas para el séptimo registro pingo.

Vendría inmediatamente la gloria para los selváticos, que tuvieron todo el tiempo el mérito de responder en los momentos claves, siendo uno de ellos en la sexta con el primer bambinazo de Juárez en el partido, y en la segunda, con jonrón de dos registros de Ibarra.

En la misma primera, las fieras rugieron con tres carreras, dos por doble de Humberto Sosa y la otra por elevado de sacrificio de Liddi.

Mención aparte igual merece Yoanner Negrín, quien con excepción de la segunda en la que titubeó y eso le costó cuatro carreras, ya no le volvieron anotar en las seis entradas que lanzó a puro corazón. Qué mejor prueba que con corredores en posición de anotar y dos aut, Emmanuel Ávila lo retó y en respuesta se ganó el ponche.

Al antesalista no le agradó la manera cómo celebró el cubano y fue en busca de él, ocasionando que las bancas se vaciaran. Por fortuna todo quedó en reclamos y empujones, lo que encendió más los ánimos en ambos bandos, sobre todo de Negrín, a quien se le vio todo el partido impulsando a sus compañeros.

Y como el béisbol siempre da revanchas, una noche después de una  desafortunada salida, Enrique Burgos retiró una entrada y un tercio en orden, incluido ponche a Eduardo Revilla para firmar el triunfo que dio paso a que el cielo se iluminara de fuegos artificiales para celebrar la coronación de los Leones como bicampeones del Sur.

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